lunes, 24 de marzo de 2008

Alterar el valor patrimonial ¿Problematizar la historia u ofrecer crédito inmediato?

Simulacro patrimonial y simulacro democrático. La historia espectacular del consumo.

Por Cristian Muñoz B.


El presente texto acompaña la muestra AVANCEFECTIVOPLANTILLA2, del productor visual Oscar Concha, la cual se exhibe en la sala del Centro Cultural Alianza Francesa. Inauguración 25 de marzo de 2008.




Un hito patrimonial debería funcionar como soporte del ejercicio activo de reestablecimiento de la memoria, más no suele ocurrir así. Un patrimonio tendría que ser apreciado como un resto mínimo de evidencia sobre el cual practicar diversas aproximaciones y reconstrucciones de una historia que no es indiscutible ni transparente, sino que precisa de un trabajo elucubrador. Dicho trabajo compromete a quien, fundamentalmente motivado por el deseo de hacer lugar al presente (a nuevos presentes), requiere constatar que lo forjado en la historia se ha tornado y se tornará indefectiblemente en escombros. Son estos los que se prestan a operaciones de extracción, remoción, clasificación, efectiva edificación de la memoria tan productiva como el presente, por medio de las cuales justamente se practica la institución de significados que se designa como “la historia”.
En relación al ahora “siniestrado Palacio Castellón”, todavía (difícil saber hasta cuando) resulta ser corriente escuchar alegatos contra la deficiencia de la reglamentación que resguarda la conservación del patrimonio. Se oye preguntar con irritación qué clase de normativa es aquella que permite que una edificación patrimonial sea intervenida hasta el punto en que únicamente se conserva su fachada, además groseramente distorsionada por el agregado de un par de pisos vidriados. No obstante, las aparentes incongruencias que son constatadas finalmente indican que las más de las veces la política de conservación patrimonial es pura y simplemente conservación y habilitación de fachadas; eso en cuanto a la porción que se protege del vestigio material y en cuanto al grado de complejidad que suponen los mecanismos de construcción del significado histórico que se asocian a las políticas de conservación.
Así, se lamenta la alteración de la que fuera la casa de doña Carmen Urrejola del Río, esposa de “Don Pedro del Río”, como el significativo deterioro del testimonio de dos grandes aristócratas locales, todavía más, como afrenta a la dádiva de una gran benefactora y un gran filántropo. Pero precisamente de esa forma de remembranza resulta una imagen escueta y empobrecida del pasado, apenas un índice compuesto por dos figuras, que bien poco aporta a la comprensión del proceso que llevó a la conformación de una bien definida clase alta local para fines del siglo XIX. La historia trágica del hombre acaudalado (dicen que filántropo, patriota y viajero), y el ensalzamiento de su legado a la ciudad, no hacen mucho más que sumergir en la forma de un estereotipado relato un momento del desarrollo social y económico local. La historia, como casi siempre, minimizada y caricaturizada, es historia de celebridades.
La página del Consejo de Monumentos Nacionales de Chile parece obedecer a la disposición antes dicha al reproducir determinados argumentos para señalar la condición paradigmática de la casa en cuestión, asociados a las características destacadas de la aristocracia local

“se notó una fuerte influencia extranjera; muestra de ello son el gusto por las ostentosas mansiones y el refinamiento en el diario vivir, a este nuevo estilo de vida se agregó una intensa vida social y un marcado interés por el mundo de la cultura y la política. Este interés cultural, acompañado de la gran comodidad de las nuevas residencias, impulsó un auge de las tertulias en las que se hablaba de música, literatura, nuevas corrientes de pensamiento, pintura, etc.”

Polémicamente, ahora debemos constatar que el vaciamiento del monumento, y la correspondiente transgresión al dorado de una historia mil veces repetida, coincide con el ingreso, por la fachada aún en píe, de la masa indistinta, masa de consumidores, lo cual podría ser considerado como representativo de su contemporánea inscripción…¿en la historia? preguntaremos.
Por el influjo supuestamente democratizador de un capitalismo de consumo que tiene “cartel” de inclusivo, la fachada de la residencia que antes acogía la convivencia y los ritos de la vida aristocrática, se convierte, en el umbral que autoriza la emergencia y movilización de los sectores populares, sus idas y venidas, en la plenitud del acceso a la sociedad de consumo.
El recinto aristocrático, y también su histórica y nobiliaria significación, por mano del mercado, han sido mezclados a las prácticas de consumo que hoy configuran los modos de significación e inscripción social de la simple población, “la gente”.

Dicha circunstancia advertiría que la historia del capitalismo, su desarrollo, ha sido determinada por su necesidad de responder adaptándose a la emergencia subversiva de los deseos y demandas de aquellos a los que se ha designado como pueblo, masa, gente, etc. De igual modo puede decirse que los lugares y momentos de articulación de nuevas subjetividades o de enunciados colectivos con eje en la demanda han sido aliciente constante de la renovación del capitalismo. Particularmente en la liberación del acceso al consumo, la actual mecánica de adaptación del capitalismo consistiría en responder al deseo colectivo, pero simultáneamente acondicionándolo a los canales del consumo de forma tal que responda a las vías de la oferta de adquisiciones que permite una también ampliada línea de crédito.

Resulta provocador apreciar la transformación del hito patrimonial aristocrático en multitienda como la contemporánea revancha de la parte postergada en las reparticiones materiales y de los medios de legitimación social e histórica. Ahora bien, una irritante paradoja se encarna en esta situación: la multitud de la gente avanza-accede por la mediación, nada desinteresada, del mercado de consumo.
El mercado muestra así un rasgo mercenario: invierte y obtiene significativos dividendos de su intervención en lo que sería una querella contra la representación convencional y las lógicas jerárquicas que la sustentan. El negocio, más allá del volumen de transacciones, consigue rentabilizar cuestiones de orden simbólico ofertando la confrontación de la gala aristocrática por parte de los prestigios que se adquieren por medio del acto de compra. Con ello entraría a la cuenta del negocio de la multitienda, la dinámica que aplaca el viejo modelo del prestigio adquirido y naturalizado con el prestigio superficial y banal que sostiene la adquisición.
Igualmente resulta provechoso para el mercado la captura del deseo (deseo revolucionario que pretende abrir el espacio de la legitimación social), mediante el simple gesto de concederle la pobre distinción de lo que se da y se somete a la forma del intercambio, un prestigio comprado que además es la burla de todas las formas de prestigio que se pretenden bien fundadas. Por ello podría pensarse que “la gente” termina cancelando, pagando a otro, por un consumo que lleva implícito su propia y muy irónica elaboración de un modo de inclusión y significación social.

La propuesta de Oscar expone la ambivalencia que supone el hecho de que la horadación o adelgazamiento del hito aristocrático parece obedecer a la presión del supuestamente igualitario universo del consumo, que respondería a la demanda de la multitud, pero que igualmente determina el carácter transable de una inclusión social postrepresentacional. La secuencia de trabajos desarrollados por Oscar Concha en relación al llamado Palacio Castellón connotan la complejidad de trabajar sobre las significaciones instituidas, complejizando los mecanismos de la representación, comprendiendo que dicho gesto se encuentra de forma particularmente eficaz integrado en las prácticas de la sociedad de consumo. Se podía picar, picar era urgente. Ahora bien, es completamente discutible a quién y cómo correspondía hacerlo. Era necesario excavar la superficie del relato convencional que presentaba la “mansión” como simple testimonio de un pasado esplendoroso y legado material a la ciudad, resultado de los fértiles empeños de un prototípico emprendedor. Ello era necesario para descubrir, más allá de las formas y los mecanismos de la representación histórica en los que se encontraba comprometida la edificación en cuestión, las señas de una situación social siempre tensa y compleja, en la que otros actores se vieron privados de los recursos para asegurar la constitución y conservación de una narrativa que los legitimara. O más bien, para recrear una situación con una diversidad de actores así como con una diversidad de relatos cuyo conflicto y relación se resolvió en el establecimiento de una determinada hegemonía. Ahora bien, la paradoja se instala en el trato entre la mansión patrimonial y la multitienda, pues siendo necesario hacer asomar las retóricas que respaldan la aceptación del conjunto de las verdades históricas y también el reparto de las representaciones sociales, con su secuelas y efectos de exclusión, y habiendo hasta la fecha en materia institucional avanzado poco y nada en tal sentido, los invisibles de la historia hoy acceden y avanzan, cobrando presencia de forma inmediata, supuestamente ajenos a cualquier representación o narrativa que los subsuma, concurriendo directamente, en tanto multitud, a satisfacer sus apetencias, su deseo de bienestar, de darse una apariencia, en las variadas ofertas de la multitienda. Un problema de representación y organización política, o bien un problema concerniente a la libertad de crear narrativas y mundos para sí, hoy se despacha y resuelve fácilmente mediante el “acceso” al consumo, “el avance efectivo”, el “crédito inmediato”, dinero plástico, que a todos promete el universo “espectacular” de las multitiendas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ah¡¡¡ ¿quieres ir a Brasil oscarito? de ahí tu interés por la ciudad?
no son diferentes a los pintores tradicionales, todos solo buscan la guita y el power, y hoy se lleva, la cosa conceptual, mañana, será otra cosa y le harán tambien a eso, mercaderes de pasillo
a ver si te dan los cojones y dejas este comentario, volveré

Cristian Darío dijo...

"anonimo", tu comentario no deja de tener cierto interés, mas lamentablemente no logra suscitar el ánimo de implicarse en una discusión, pues antes de proponer un conflicto, o intervenir en éste, sólo expresa una beligerancia esencialista y purista, propia de los que, paradojicamente, hacen del encierro cimiento de una pretensión ética, o bien hacen de la vigilancia forma privilegiada de accionar. Ojalá en alguna ocasión muestres verdadera disposición a participar e implicarte en situaciones de conflicto, con lo cual quiero decir, estés en condiciones de resolver o intervenir (apropiarte de las circunstancias) asumiendo el carácter ambivalente de los acontecimientos.

Cristian Muñoz.